Historia

plaza     Las primeras manifestaciones humanas que se desarrollan en los límites llamémosles así geográficos que engloba el territorio municipal de María, éstas se vinieron desarrollando desde etapas muy tempranas. Fue una ocupación numerosa y dispersa que ocupó las ricas extensiones del Norte.

En una franja que va desde Venta Micena (término municipal de Orce-Granada), hasta las llanuras de Topares (Vélez Blanco-Almería), se emplazan aleatoriamente núcleos de ocupación que, basándose en la actividad sedentaria propia del Neolítico, comienzan a gestar los primeros asentamientos estables de la zona, y crean lo que habría de ser siglos más tarde el pilar principal de la actividad económica y vital de la zona, la agricultura y la ganadería.

Con la llegada de la cultura romana, el sector agrícola se verá potenciado, ya que, a pesar de las condiciones poco favorables por motivos geográficos y meteorológicos, las grandes propiedades y el uso de una mano de obra barata consiguen que la superficie a cultivar se vaya extendiendo.

La apertura de las rutas de comunicación que pongan en contacto las áreas de producción con las de comercialización se ven favorecidas por musicoslos grandes avances en materia de calzadas que proporciona la civilización romana. Quizás el tramo histórico peor estudiado y con menos focos de yacimientos hallados hasta el momento se sitúa en el período comprendido entre los siglos IV al VIII motivado por el declive económico del Imperio romano.

Las oleadas de dominación de los pueblos árabes que se internan por el territorio recientemente conquistado van ocupando hasta el último rincón de las zonas anexionadas. Hasta el lugar más recóndito de la geografía rural hispana se internan las tropas y súbditos del pueblo árabe. La toponimia de los lugares, los métodos de cultivo y riego, y los productos cultivados marcan cuáles han de ser las pautas que identifiquen a este pueblo laborioso que, más que ocupar zonas asoladas, creó nuevas maneras de vivir.

Casi sin querer, todas las pequeñas o grandes tradiciones de las que goza actualmente la comarca, y por ende el término municipal de María, son fiel reflejo de la imbricación y solapación de costumbres entre dos culturas tan distintas y distantes como la musulmana y castellana. El binomio nazarita-castellano, regadío-secano, minifundio-latifundio, etc., no son más que una misma representación que se verá trasladada con el paso de los años a las múltiples facetas del modo de vida de esta zona.

virgenBuena parte del nacimiento, ampliación y esplendor del pueblo de María (nacido como pequeña alquería árabe) se lo debemos a la ocupación de los pueblos seguidores del Islam; así como la extensión del casco urbano, resurgimiento de una agricultura regada por las múltiples minas de agua abiertas en la cara norte de la Sierra de María, y explotación de los recursos básicos para su reconversión en pequeñas industrias familiares.

La población, que comienza a verse incrementada con la continua llegada de nuevos efectivos alentados por la promesas de tierras para todos, va situando sus moradas en su mayoría en el casco antiguo de la localidad; pero algunos de ellos, motivados por la cercanía de sus propiedades, comienzan a establecerse y a ampliar sus moradas y almacenes para los aperos en los extramuros del vecindario. Se van construyendo y afianzando las cortijadas.

Estas, las más cercanas al municipio por su proximidad: Grax, la Tala, Calahorra, etc., continúan estando a merced del núcleo central para sus necesidades diarias, y en ocasiones con carácter semanal (servicio religioso del domingo y mercado).

Otras, en cambio, Fuente de la Puerca, Casablanca y Cañadas de Cañepla, bastantes más alejadas, necesitan un mayor agrupamiento de cortijos para el amparo diario, así como una serie de infraestructuras básicas, graneros, aljibes y el apoyo espiritual suficiente, durante los largos períodos de incomunicación a los que se ven sometidos en los rigurosos fríos del largo invierno de la altiplanicie (altitud superior a los 1.000 m.).

De este modo, se establece una ermita en la Alfahuara, auspiciada por los vasallos del marqués de los Vélez (finales del siglo XVI ), que tiene en este paraje emblemático uno de sus rincones favoritos de esparcimiento para la caza y la cetreria.


 
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